Entra en la presencia de Dios en el tabernáculo de Dios con los hombres.


 Devocional 27-06-026


Tema: El Tabernáculo

Título: El Tabernáculo de Dios con los hombres.

Mensaje: Entra en la presencia de Dios, en el tabernáculo de Dios con los hombres no te quedes afuera.


Texto: Éxodo 25

 

El tabernáculo es un santuario ordenado a Moisés por Dios.

¿Por qué Dios le ordenó a Moisés hacer este tabernáculo?

Porque Dios quería habitar entre su pueblo de Israel.

 

Por qué las siguientes razones Dios quiere habitar entre su pueblo: Él los redime. Perdona sus pecados. Los justifica, los santifica, en su sabiduría y conocimiento.

 

El Tabernáculo que ordenó Dios a Moisés, tenía unas medidas específicas, materiales y colores específicos. Todo se hizo conforme al modelo. Dios quiso estar en medio de su pueblo siempre. El Tabernáculo representa la forma como las personas debemos dirigirnos a un Dios, santo y perfecto.

 

La razón principal de Dios habitar en medio de su pueblo es:

 

1.      Dios quiso hacer un pueblo para su Hijo, santo, fiel, perfecto.

2.      Un pueblo de sacerdotes y reyes.

3.      Pero Dios es Santo y perfecto.

 

 Y el pueblo debería saber la forma como acercarse a Dios Santo y Perfecto.

Para que podamos comprender esa forma, Jesús lo manifestó entre los hombres y se condujo en esa perfección y santidad.

 

Para uno comprender como debemos entrar ante Dios, debemos comprender la constitución del Tabernáculo de Dios, que es Jesús habitando entre nosotros. A veces nos encontramos peleando la batalla fuera del tabernáculo, sin la protección de Jesús. Es necesario entrar, no quedarnos fuera.

 

Veamos que Jesús como humano pasó por las mismas cosas que pasan todas las personas, y fue tentado en todo, pero sin pecar contra Dios.

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Parados frente a la puerta del Tabernáculo. Pensemos que Jesús es el cordero, la ofrenda que se entregaba en Expiación por el pecado. Llevemos ante Dios esta ofrenda. Entremos por la puerta que es Jesús, él nos transmite su verdad, nos llama entra. Entremos comprendiendo la Divinidad de Jesús, que vino de la eternidad, que se hizo hombre, para verter su sangre sobre nosotros y perdonar todos nuestros pecados.

 

Pasada la puerta, vemos el altar del sacrificio y todo lo que lo rodea esas paredes que fueron testigos de toda su naturaleza divina, vemos en el artal su carne entregada en expiación por nosotros.

 

Caminemos hacia la fuente de bronce, el agua pura que se transformó en el vino del nuevo pacto, su sangre, para remisión de nuestros pecados. Limpiémonos de todo pecado con su sangre.

Estamos en la fuente, frente a la puerta de la entrada al lugar santo, pensemos en que Jesús vino desde el cielo dejó su gloria, para venir como rey de su pueblo, pero vino para realizar el sacrificio expiatorio por nuestros pecados, sus pies fuertes como la plata, su cabeza fuerte como el oro, nos trasmite esa nueva vida, nos reviste de una nueva naturaleza la Divina.

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Entremos a su lugar santo, tomemos y participemos de ese pan del propiciatorio, y esa carne de la Expiación. Que es la representación del cuerpo de Cristo y su Sangre.

Lugar Santo limpio y perfecto, sin fuente, con menorá a la izquierda, mesa del pan a la derecha, altar del incienso al centro frente al velo, cortinas azul púrpura y carmesí, techo igual al Lugar Santísimo, brillo dorado celestial

 

Parados frente a su lámpara. Vemos como su lámpara nos ilumina, nos abre el entendimiento para comprender su Expiación, rogamos y clamamos en el altar de incienso, por esa presencia perdida que hoy él quiere darnos, esa que se perdió en el Edén, que se perdió en el diluvio, que se perdió en el templo de Salomón, que se perdió en los años de oscurantismo, pero la trajo Jesús, cuando hizo su sacrificio, y el velo del templo se rasgó, sollozamos y deseemos su presencia. En este nuevo pacto.

 

Pasemos al lugar santísimo. Que es Jesús. Sintamos su presencia como nubes, sus rayos penetran, su espada presenta nuestras intenciones que van a hacer purificadas en la sangre del cordero, de la misma sangre que está en el propiciatorio derramada por el Señor Jesús.

 

Y allí entre los querubines donde está su presencia quédate, gózate alégrate. Porque ya has sido perdonado, justificado, santificado, por su conocimiento, por el precio de la sangre, es pagada nuestra deuda en su totalidad.

Tabernáculo interior con franjas alineadas y brillo sutil de sangre en el propiciatorio

 

Entra no te quedes afuera, clama y gime, y gózate eres perdonado, observa la sangre rociada en propiciatorio y siente su presencia sublime, que está en medio de ti. Alza tus manos alábalo. Él vive. Estas en su protección delante de todo su testimonio, encima de ti cubierto con la piel de carnero, de cabra, la piel de Tejón, fuerte es su protección, allí nada te pasará estas en el mimo lugar santísimo de Dios. Siente su presencia.

 

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